Mientras la mayoría de los sistemas inmunes nos protegen de invasores dañinos, a veces se vuelven contra nuestros propios cuerpos. En la diabetes tipo 1, esto es exactamente lo que sucede. Las células T, especialmente CD4 y CD8, junto con las células B, deciden que las células beta del páncreas son el enemigo. Un error terrible. Estas células beta son esenciales para la producción de insulina.
El sistema inmunológico no ataca sin razón. Reconoce ciertos autoantígenos como amenazas: la insulina misma, el ácido glutámico descarboxilasa y la tirosina fosfatasa. Irónico, ¿no? El cuerpo ataca las mismas proteínas que necesita para sobrevivir.
El cuerpo rebelde ataca lo esencial, destruyendo las mismas proteínas que mantienen nuestra vida.
La comunicación entre las células beta y el sistema inmunológico es complicada. Hay una barrera en el islote pancreático que debería proteger las células beta. A veces falla. Boom. Comienza el ataque. La falta de tolerancia inmunológica es el problema central. El cuerpo simplemente no reconoce lo suyo. Los niveles normales de glucosa en sangre van de 60 a 100 mg/dL cuando el sistema inmune funciona correctamente.
Los científicos están investigando cómo inducir esta tolerancia. No es fácil. El ataque autoinmune tiene fases específicas. Primero, los antígenos de las células beta activan el proceso. Luego, las células T efectoras llegan como soldados a una batalla. Investigadores han descubierto que el aumento de la proteína PD-L1 puede suprimir esta respuesta autoinmune.
Las células B producen autoanticuerpos, señalando a las células beta como objetivos. Como poner una diana en la espalda de tu amigo. Estudios actuales muestran que ciertos subtipos de células B muestran patrones de activación genética diferentes cuando llegan al páncreas.
Las complicaciones son serias. Hipoglucemia no reconocida que puede causar pérdida de conciencia. Cardiomiopatía diabética. Daño neurológico. Las opciones incluyen trasplantes de islotes o páncreas, pero el riesgo de rechazo es alto. El sistema inmunológico es terco.
Estudios recientes con ratones han identificado genes esenciales para el desarrollo de la diabetes tipo 1. Los investigadores buscan interferir en ese diálogo mortal entre células beta e inmunológicas.
La meta: detener la destrucción de células beta sin comprometer todo el sistema inmunológico. Un equilibrio difícil.
La ciencia avanza. Mientras tanto, millones de personas dependen de insulina externa. Todo porque su propio cuerpo decidió atacarse a sí mismo. La ironía de la vida.